Nuestra Historia

En la calle, cinco o seis hombres jóvenes y engabachados de azul prueban una motoneta con aditamentos especiales. Sus rostros denotan entusiasmo e interés y en el ambiente reina un silencio típico de laboratorio científico. El rótulo en la pared indica que éste es el local que yo busco. Al estacionarme, pregunto al más cercano, por Manuel Román.

El interpelado señala en dirección al único que no utiliza gabacha azul. Al verme, aquel hombre vino directo hacia mí. Nos saludamos y pasamos a su oficina. Los demás quedan afuera. Siguen probando la motoneta. Se ven alegres, pero no gritan ni intercambian frases rudas, como suelen hacerlo los operarios de otros talleres. Aquel silencio quedó guardado en mi memoria. Fue durante mi conversación con Manuel, dueño del Taller Especializado de Medios Auxiliares (TEMA), que descubrí, que seis de sus trabajadores son sordomudos. Supe entonces, que fue a uno de ellos, que pregunté por Manuel y que leyendo mis labios respondió con una seña tan natural, que no me percaté que incursionaba en un mundo que no era el habitual para mí.

Debo reconocer, aunque sabía que allí trabajaban personas con capacidades diferentes o discapacitados, que tiendo a asociar discapacidad con sillas de ruedas y muletas. Fue por ello que no supe interpretar aquel silencio. Una buena lección para iniciar mi entrevista.

Manuel es un profesional con estudios de maestría en Administración Pública, que experimentó en carne propia el no poder optar a un empleo y ver que se le otorgaran a otras personas, cuyo principal mérito era tener un buen padrino. Eso le ocurrió en varias ocasiones. Finalmente, por esas cosas de la vida, alguien le propuso levantar de las cenizas una empresa propiedad de una organización de discapacitados. Manuel lo aceptó gustoso, pues él fue discapacitado. Mientras cumplía su servicio militar en los años ochenta, fue herido de bala y charneleado, eso lo mantuvo seis meses en silla de ruedas. La capacidad gerencial de Manuel se probó rápidamente. Diez meses después, aquella empresa tenía en su cuenta bancaria, cerca de ciento cincuenta mil córdobas de ganancias.

Pero dos cosas no le parecieron: el maltrato que algunas personas daban a los discapacitados pobres que llegaban en busca de apoyo, y el que dispusieran del dinero acumulado, para realizar eventos que no contribuían al desarrollo empresarial que tanto esfuerzo estaba costando. También llegó a la conclusión de que la mayoría de personas que dirigen organizaciones de discapacitados, no lo son, por lo que no comprenden sus necesidades y más bien se aprovechan de ellos. Se despidió de aquella empresa y se decidió por el camino del emprendedurismo.

Asociado con dos hermanos y un cuñado, recolecta dos mil dólares y decide formar una empresa que atienda mejor las necesidades de los discapacitados. Así en el mes de octubre del año 2002 alquiló un terreno cerca de su casa para no alejarse de su madre enferma de cáncer, y comenzó la tarea de su vida. No le fue bien con sus primeros productos Comenzó con dos trabajadores que habían sido despedidos de la fábrica que anteriormente había administrado. Comenzaron a fabricar bastones de madera, pero el negocio no prosperó, pues los hacían de caoba y sus costos eran superiores al de los bastones importados, hechos de aluminio.

Manuel falló en su primer intento. Si fallaste en lo sencillo, ¿no te dio temor fabricar otros productos más complejos? Es que dicen que “el que no se arriesga no gana” y esa es la máxima filosofía que tenemos nosotros en nuestra empresa. Al fallar con aquellos bastones, diseñamos otros de acero inoxidable. Ahora fabricamos bastones y muletas de ese material, estas piezas son más duraderas que las de aluminio. Les garantizo a mis clientes más de cincuenta años de uso. Sólo tendrán que cambiar los tapones de hule. Pero una dobladora de tubos cuesta 2,500 dólares. ¿Cómo le hiciste? Con una campana de camión que encontramos en un desarme, fabricamos nuestra dobladora. Poco a poco la fuimos perfeccionando hasta que nos quedó como la necesitábamos. Todavía trabajamos con ella y quiero que sepas, que ese aparato ha sido motivo de admiración de algunos especialistas en equipos para discapacitados. Nos pidieron autorización para repetir nuestro modelo y ahora lo fabrican en África y Afganistán.

¿Recuerdas tu primera venta de sillas de ruedas? Sí, fue el 14 de febrero de 2003, y se la realizamos al Seguro Social. Les vendimos cinco sillas. Ahora son nuestros mejores clientes, a pesar de toda la guerra que nos han hecho algunas organizaciones. Los discapacitados son más capacitados que algunas personas La empresa continuó creciendo. Seis meses después había cinco trabajadores, y en la actualidad, laboran once operarios. La silla de ruedas es el producto estrella, fabrican 50 sillas mensuales (deportivas, semi-deportivas y especiales), pero además, TEMA fabrica: andariveles para adultos y niños, muletas, bastones, camas ortopédicas, equipo para rehabilitación, sillas para baños, camas ginecológicas, sillas para odontólogos, etc. }

También acondicionan bicicletas, motocicletas y automóviles con requerimientos especiales para las diferentes discapacidades. Dado que seis de sus trabajadores son sordomudos, Manuel tuvo que aprender el lenguaje de señas y ahora se comunican con toda perfección y naturalidad. Incluso el jefe del taller es un sordomudo. Según nuestro entrevistado, trabajar con sordomudos tiene ventajas. Éstos se concentran más en sus trabajos y rinden hasta un 80% más que las personas con todas sus facultades. Los sordo-mudos no se ponen a platicar cuando trabajan. La persona a cargo del control de calidad es una mujer en silla de ruedas, la cual desempeña muy bien su cargo y se coordina de maravillas con el resto de compañeros.

Manuel está casi seguro que es la única empresa en Centroamérica que tiene más del 85% de su personal discapacitado y esto es un gran orgullo para él y todo su equipo. Creatividad e innovación Según estadísticas en Nicaragua, hay más de 400,000 discapacitados en diversos aspectos, además cada uno de ellos tiene sus particularidades.

Manuel ha desarrollado un sistema para el desarrollo de la innovación, similar a los círculos de calidad que tanto prestigio han dado a los productos japoneses. Todo su equipo de expertos se reúne cada vez que tienen que desarrollar un nuevo producto o mejorar los actuales. Eso fue precisamente lo que hacían los engabachados que encontré al llegar al taller. Pero además de ese esfuerzo interno para la innovación, también aplicaron al Proyecto de Apoyo a la Innovación Tecnológica del Mific, y ahora cuentan con un aparato para soldar hierro, acero y aluminio. Ese equipo de soldar les ha permitido pasar de fabricar 20 a 50 sillas mensuales. También adquirieron un taladro de 16 velocidades y una máquina de coser industrial.

En total, Proyecto de Apoyo a la Innovación les ha apoyado con 4,500 dólares en equipos. ¿Quién hace los diseños, vos mismo o contrataste a un especialista? No, no. Aquí parimos todas las ideas. Es muy importante que los emprendedores trabajemos en equipo. Yo les planteo a los muchachos una idea y hago un remedo de dibujo de lo que necesitamos. Según las consideraciones de ellos, los ajustamos y llegamos al producto final. Trabajando en equipo, las innovaciones son fabulosas. ¿Considerás que tenés oportunidades de abrir mercado en Centroamérica? Nosotros ya tenemos algunos estudios sobre el mercado de El Salvador, el cual por la situación de guerra que vivió es bastante grande. De hecho ya comenzamos a vender algunas sillas a este país. También hemos analizado otros países. Nosotros no le tememos al Cafta. “El malinchismo y la corrupción nos tiene jodidos” Cuenta Manuel que cuando un promotor de ventas de TEMA visitó un hospital privado de la ciudad de Managua, al mostrar los folletos con las fotografías de los artículos que promocionaba, el director del hospital indagó: “ ¿Y estos productos dónde son hechos?” Cuando se le dijo que era una empresa nacional, despectivamente orientó a sus subordinados: “No, no, no. No se les ocurra comprar chochadas fabricadas aquí”. El promotor no se amilanó y pensando contrarrestar la objeción por la nacionalidad del producto, buscando el lado humano del asunto argumentó: “Es una empresa de discapacitados”. El director remató diciendo: “Menos que sepan trabajar bien”. Con cara muy seria, Manuel reflexiona en voz alta: “Ahí ves el desprecio por lo nacional y por las personas discapacitadas. El malinchismo nos tiene jodidos”. Pero acto seguido como saboreando una dulce venganza, la sonrisa asoma nuevamente a su rostro y me dice: “Lo cómico de este malinchismo, es que días después vino una importadora de equipo médico y me encargan unos productos. Los fabriqué y me doy cuenta que se los vendieron a aquel director malinchista, en tres veces más del precio de fábrica que yo les oferté. Sólo le pusieron la etiqueta de su empresa (ríe con fuerza)” “Pero quiero contarte otra anécdota dura”, continúa exponiendo nuestro entrevistado. “Ganamos una licitación del Minsa para 250 sillas de ruedas. Pero se agarraron de un detalle técnico que no escribí, el cual según los términos de la licitación, se me podía notificar para que lo corrigiera, y se la asignaron a una transnacional pagando cuatro veces más”. Manuel pide a su asistente un folder y me muestra la licitación. Su oferta fue de dos millones de córdobas y el Minsa pagó ocho millones. Nuestro emprendedor afirma que está seguro que además de malinchismo, hay otro tipo de irregularidades en dicha decisión, pues no lo llamaron ni lo notificaron de la asignación. “Lo más triste del caso, --añade nuestro emprendedor-- es que mientras el Minsa toma semejantes decisiones, los hospitales nacionales no tienen presupuesto para reparar sus viejas sillas de ruedas”. (fuente Arnulfo Urrutia)

 

Clínica Don Bosco 3c Al Este 1 1/2c Al Sur

+505 2253 0602

Llámenos hoy mismo!

Horarios

Lunes a Sábado 8 - 5

Contactenos

info@industriastema.net